Pionera en cosméticos orgánicos logró romper los moldes


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Para llegar donde llegó, Allison Dowdy tuvo que aprender, investigar y luchar para cambiar las leyes y la burocracia que estaban involucradas en el proceso de registro de productos confeccionados. Dowdy explica “algunos de los requisitos eran tener abogado, regente farmacéutico, laboratorio industrial, permiso sanitario y todo eso resultaba en costos de más de cincuenta mil dólares, lo cual no era rentable para un artesano creativo”.

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Julia Varesio
Estudiante en práctica
Comunicación Social
Usma

 

Allison Dowdy, pionera en confección de productos cosméticos orgánicos, fue la primera persona en Panamá a recibir una certificación del MINSA y el registro sanitario para la elaboración artesanal de esos productos.

 La inspiración para iniciar su proyecto vino de los años que estudió en Estados Unidos y también de su abuela Andrea. "Yo estudié en California, un Estado muy dedicado a los productos naturales y cuando volví a Panamá percibí que era casi imposible encontrar productos sin tóxicos. Mi abuelita Andrea también fue una inspiración muy grande, ya que en su casa todo se resolvía con algo del jardín”. 

Ya con la idea de iniciar su negocio Allison volvió a Estados Unidos para estudiar formulación orgánica en Point Reyes y un tiempo después se enfocó en tomar cursos de cosmética botánica de Inglaterra, ya que entendía la importancia de saber manipular de forma correcta los productos. 

Con todo el conocimiento necesario para empezar su negocio se volvió a Panamá y al investigar sobre cómo abrir su negocio y conseguir el permiso sanitario para vender sus artesanías se dio cuenta que el desafío era más grande de lo que parecía.

 “Las leyes eran de 1947 y eran constituidas específicamente para las grandes industrias e importadores. No había ninguna diferenciación entre una multinacional y un artesano, entonces los requisitos para elaborar un jabón de bautizo eran los mismos que para hacer un medicamento contra el cáncer”, indicó.

Con todos esos obstáculos Allison siguió su sueño. Sin la posibilidad de tener una tienda física vendía sus productos en ferias artesanales. Pero con el fin de las ferias por pandemia percibió que las cosas tenían que cambiar. “Durante la pandemia, cuando ya no había ferias, decidí hacer algo al respecto de esa limitante ley”.

Para llegar donde llegó, la artesana tuvo que aprender, investigar y luchar mucho para cambiar las leyes y la burocracia que estaban involucradas en el proceso de registro de productos confeccionados de forma que “algunos de los requisitos eran tener abogado, regente farmacéutico, laboratorio industrial, permiso sanitario y todo eso resultaba en costos de más de cincuenta mil dólares, lo cual no era rentable para un artesano creativo”.  


El proceso fue bastante desgastante. Primero Allison y su pareja tuvieron que reunirse con la suplente diputada Aydée Watson y con los asesores legales de la Asamblea, para mostrarles que Panamá era uno de los únicos países en toda América que todavía no había adoptado normativas que brindaran oportunidades a los pequeños productores artesanales de cosméticos. 
 

Con la conclusión de los debates en la Asamblea y las sesiones de la mesa técnica el proceso pasó a manos de la directora del Ministerio de Salud, Elvia Lau, quien, en conjunto con Allison desarrolló un decreto de ley que permitiera que los pequeños productores de cosméticos orgánicos pudieran emprender.  

Ya con el decreto bien estructurado lo presentaron al ministro Sucre y al presidente de la Republica Laurentino Cortizo. Ambos estuvieron en completa conformidad con lo presentado y fue sancionado el 18 de noviembre de 2021.  

Con la aprobación de ese decreto ley, todos los procesos necesarios para un pequeño o micro emprendedor fueron simplificados, “El beneficio actual de la ley es que ahora el laboratorio puede ser casero y todos los costos fueron reducidos, el registro de la planta por ejemplo cuesta ahora cincuenta dólares, un precio mucho más accesible para nosotros.”. 

Para Allison, el decreto ley fue un buen principio. “Es un primer paso muy sólido y es beneficioso para nosotros porque nos saca de la clandestinidad, pero también trae consecuencias positivas para el país ya que es un mercado emergente y que seguramente contribuirán para el desarrollo económico del país”.

La nueva legislación no es una solución permanente. “Ese decreto se debe convertir en una ley del país y no debe estar limitada solamente a la cosmética, igual se necesita para los artesanos de consumo que utilizan el permiso para vender sus productos en tiendas y locales”.  

Por haber sido parte de la creación del decreto, Allison tuvo la oportunidad de que su empresa fuera el primer negocio en recibir la aprobación del MINSA y el Registro Sanitario para la venta de sus productos. La tienda está ubicada en la calle 74 oeste y vende todo tipo de productos de cuidados personales. 

 

 

 

 

 

 

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